El viernes, septiembre 30, 2005 escribí esto:

La chica del asiento 21

Trayecto Oviedo-Gijón. 28 kilómetros aproximadamente. El sol se acerca al horizonte, y mientras el bus describe una curva en la carretera, el astro rey se desplaza tras el cristal y se oculta tras el rostro de la chica que va a mi lado. La luz naranja resalta sus cabellos rebeldes que escapan de la cola recogida, cabellos que ahora parpadean cuando los árboles producen miles de eclipses solares en un segundo. Ella es una extraña. Una persona cualquiera, con su familia, sus amigos, sus ocupaciones... sus problemas. Clavo mi mirada en ella. En sus ojos ladeados. Intento leer su vida. Imaginar su jornada, si ha sufrido, si se ha divertido, si está cansada... Está absorta mirando por la ventanilla. Sólo despega su mirada del paisaje para pasar las canciones en su reproductor de mp3, luego devuelve su atención a la nada de ahí fuera. Me fijo en que los ojos no enfocan ningún objeto en concreto; no saltan de un lugar a otro; están quietos.
No la conozco. Por eso me fijo en ella. Observo al resto de pasajeros. Tres asientos más adelante una señora mayor discute sobre tonterías con una amiga por el móvil. Dos chicos negros hablan detrás de ella en un idioma extraño. A mi derecha, al otro lado del pasillo, una señora elegantemente vestida duerme con la cabeza echada hacia atrás y la boca abierta, como una niña pequeña. Su bolso de marca entre sus manos, descansando en su regazo. En el asiento contiguo al suyo, sus compañeras de viaje son las bolsas donde lleva sus últimas adquisiciones de moda.
Incluso me levanto ligeramente para ver quién viaja en la parte trasera del bus. Gente jóven, la mayoría viajan solos y están callados, escuchando música. Cuántos universos particulares, pienso. Una pareja habla bajo, entre caricias. Vuelvo a sentarme. En momentos como éste es cuando me doy cuenta de que soy, siempre he sido, y siempre seré, un viajero solitario. En ese autobús, el mismo que cogí en el viaje de vuelta, y el mismo que cogí hace dos semanas (la pintada del asiento lo delata: Jai), con todos esos desconocidos, con los árboles pasando velozmente en la ventana, en esos 20 minutos me siento realmente bien. Y no llego a entender por qué, así que también yo regreso a mi universo particular.

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I will run for shelter
endless summer lift the curse
it feels like nothing matters
in our private universe
[Private universe, Crowded House]


El martes, septiembre 27, 2005 escribí esto:

Finita la comedia

En principio se iba a ir el día 25, o sea el domingo, pero al final se iba hoy. Y como yo tengo mala suerte para todo, me lo tenía que encontrar de frente.
Ayer iba yo caminando por la calle cuando los dos salieron de una copistería, tres metros por delante de mí. Se giraron e incorporaron a la gente, en mi mismo sentido, por eso no me vieron. Yo iba caminando detras de ellos, despacio para mantener la distancia. No quise llamarles, no quise que me vieran. Llegaron a su calle y giraron a la derecha. Yo apenas me detuve unos segundos como para verles por última vez en quién sabe cuánto tiempo mientras se alejaban. Y reanudé la marcha. Adios, suerte.
Pero esta mañana no, claro. Por inercia, suelo pasar a menudo por su calle cuando me pilla de camino. Suelo pasar sin pensarlo, por pura costumbre. Y de pronto me lo encuentro de frente, estaban cargando la furgoneta para irse. Imposible la evasión.

Hola.
Hola.
¿A qué vino el show del mensaje del otro día?
Qué show.
El de que no quieres quedar con ella.
Es ella la que no quiere quedar conmigo; yo solo la hago feliz.
Tampoco es para tanto.
Ya claro, lo que tu digas.
Bueno al menos así nos despedimos.

Me da la mano (???) e incluso me rodea los hombros con un brazo.

Igual venimos en diciembre.
Ah, vale [como si fueras a llamarme]
Ella no tiene problema en despedirse de tí.
Claro. Por eso no me llamasteis el sabado. R, no me jodas.
Ella dice que siempre la haces de menos, que la haces sentir inferior.

Ahí me callé, por no decirle lo que me quemaba en la boca:

Sus complejos no son problema mío.

Silencio. En eso sale ella, me ve y pone su cara de mala leche mal conseguida. Viene. Silencio.

Pues nada, suerte, que te vaya bien, de verdad. Buen viaje.
Adios.
Adios.

Él sigue cargando bultos en la furgoneta. Yo prosigo mi camino calle arriba. No miro atrás. Definitivamente, no quiere darse cuenta de las cosas. Con cada paso que doy comprendo que ya no somos los mismos. Yo soy más fuerte ahora, y tú eres lo que ella quiere que seas. Supongo que ambos somos felices así. Yo al menos, sí.
Fin de la historia. Finita la comedia.

El domingo, septiembre 25, 2005 escribí esto:

Domingo pre-invierno

Domingo. El tiempo invernal empieza a hacerse notar. Aquí en el norte los cambios de tiempo son radicales. Bueno, y lo que no es el tiempo tambien. Asturias siempre ha sido una región prolífica en calentamientos mentales como yo los llamo. Aquí la gente se calienta en seguida la cabeza y te monta una batalla campal. Como bien dice la canción: Cuenca minera, borracha y dinamitera. Cosas del caracter. Pero ese es otro tema.
Empieza a refrescar, a llover más de lo normal (porque en verano tambien llueve), y empiezas a tener ganas de sentarte tras una ventana a ver a la gente correr para no mojarse. Mentalidad invernal. Me gusta.
Vuelvo a mi chupa de cuero, esa que recién engrasada hace que el agua deslice sin mojarla como tanto me gusta. Cada uno se deleita con sus cosas. Chupa de cuero ajustada, y una gorra en la cabeza. Con eso voy servido la mitad del invierno. Café bien caliente, con amigos si puede ser, y si no nunca viene mal un buen libro (abstenerse no solitarios)

Hoy será mi tercer día sin tabaco. El episodio de las anginas me ha convencido. De momento no tengo demasiada ansiedad. De hecho ni me acuerdo del tabaco. A ver cuanto dura.

He comprado el objetivo para mi cámara. Ha vuelto a la vida. Vuelvo a tener cámara, pero ahora no tengo dinero (equilibrio en el universo, cuando algo aumenta otra cosa disminuye, no? jeje)

De él sólo añadir que a un mensaje mío diciendole que mi amigo era él y no ella y su problema el entenderlo o no, su respuesta fue que sentía que no nos llevaramos bien, simplemente. Al final no se va hoy, se va el martes tal vez. Yo ya no me voy a mover más. He hecho más de lo que debía.

Breves:
Me duele la garganta.
Echo de menos a alguien, como siempre.
Me siento más o menos feliz, obviando chorradas insignificantes (vease párrafo anterior)
Hace mucho que no piso Oviedo. Mañana lunes probablemente vaya.
Creo que puede haber entrado alguien en mi vida.
Creo que no quiero dejarla entrar.
Sí, es de Oviedo.

Saludos.

El sábado, septiembre 24, 2005 escribí esto:

De vuelta a urgencias

Hoy ha sido un día movidito, empezando porque me he pasado toda la mañana tirado en el sofá por culpa de unos horrorosos dolores de cabeza y riñones que no me dejaban moverme. Ambos causados por la fiebre que subió hasta los 39 grados, causada por la inflamación, otra vez, de mis anginas. Y luego, para rematar, me pasé desde las 3 hasta las 7:30 de la tarde en urgencias, sin saber como ponerme en aquella maldita silla, esperando durante tres horas para que me pudieran poner algo que me aliviara un poco el dolor. Así que vuelvo a las andadas, con mi colección de pastillas a tomar tres veces al día.
Ahora toca cuidarse del frío, como los vejetes. Nos hacemos mayores...
Saludos.

El miércoles, septiembre 21, 2005 escribí esto:

Pues entonces no...

Él se va el día 25, y probablemente no vuelva a verle en mucho tiempo, puede que años. Si me pongo dramático, tal vez no vuelva a verle, porque no querrá.
Una vez fue mi mejor amigo, la persona en quien más confié, hasta mis secretos más inconfesables, y algo parecido hizo él conmigo. Compartimos muchas cosas y muchos ratos al sol con una botella de sidra mirando al mar, oyendo cómo rugían las olas contra las rocas, en silencio.
Desde hace un tiempo apenas nos vemos, por malos rollos de pareja y demás cosas estúpidas. Su actual novia me odia, tal vez con razón, tal vez no. No me soporta, ni yo a ella. Me la ha pegado por la espalda cuando menos lo esperaba y vi demasiado tarde que sólo se aprovechaba de mí para conseguir lo que quería. Y él se deja llevar, y habla mal de mi a mis espaldas y cuando nos vemos me pone cara de bueno, cuando sabe que yo se lo que dice de mí.
Hace algo más de un mes que no recibo una llamada de él, y sólo le vi durante ese tiempo los sábados por la mañana en nuestro partido habitual. Esta semana no me habló durante todo el partido, y sólo cuando se iba me dijo que cuando acabara los exámenes, y si no me iba de viaje a ningún lado, que le llamara para quedar. Tenía pensado no hacerlo, porque ese mismo día querían organizar una cena de despedida, pero claro, sin mí. Ellos no saben que yo lo sabía. La cena se llevó a cabo, y yo no fui porque no quise.
Ciertamente, no pensaba llamarle, esperando a que se le ocurriera a él llamarme a mí para despedirse, pero se que si lo hubiera hecho se habría ido sin despedida alguna, así que me tragué un poquito de mi orgullo y ésta tarde le mandé un mensaje para quedar, pero le pedí que viniera sólo, sin ella, y que lo sentía pero que prefería hacerlo así. El sábado por la noche ella no quería verme, así que hoy a mi no me daba la gana de verla a ella, así de fácil. Su única respuesta fue "Pues entonces no".
Esperaba que hiciera eso, sabía que lo haría. Sabía que no entendería que mi amigo es él, no ella. Aún así lo hice. Ahora se que se ira sin despedirse de mí. Y me duele, ya no por él, porque ha demostrado que no era precisamente un amigo, nunca estuvo cuando yo le necesitaba, pero yo siempre estuve con él aquel maldito verano en que ambos llorabamos, sin que él lo supiera, por la misma causa. Me duele porque me jode que las cosas tengan que ser así, que haya demostrado que no tiene más interés que el propio, que todo lo demás y todos los demás se la traen floja. Sin embargo, el que se siente mal soy yo.
Si no quería que ella fuera es porque así podría hablar con él y no con la marioneta que es cuando ella está delante.
Siento que las cosas sean así, pero yo ya no puedo hacer nada para arreglarlo. Ellos no quieren, así que las cosas se quedarán tal y como están. A él le deseo suerte, y que todo le vaya bien, y consiga de una vez ese puto trabajo de funcionario que tanto tiempo lleva esperando que le llueva del cielo. A ella, en cambio, no puedo desearle nada; para mi es como si hubiera dejado de existir. Para mí y para la gente que la conoce, incluida parte de su familia. No soy el único que piensa así. Se ha dedicado a manipular a los demás, que confiados nos dejamos. Y luego símplemente tenía que hablar mal de nosotros, y punto. Y él la dejaba aún cuando así él perdería a sus amigos. Obviamente, no le importaba demasiado.
Seguramente justo antes de que se vaya le llegará un mensaje diciendo algunas cosas, dando alguna ligera explicación, pero nada más. Ha escogido su camino y yo el mío, y no pienso torcer mi rumbo por gilipolleces infantiles. Si algún día volvemos a vernos, espero que las cosas no sean como ahora, pero creo que eso es pedir demasiado, porque yo habré dejado de existir tambien para él. Como todo lo que le supone un problema o una preocupación, me habrá dejado en el camino.

Hasta la próxima.

El lunes, septiembre 19, 2005 escribí esto:

Ronin

Dícese del samurai sin amo al que servir, el que no pertenece a ningún grupo.

Ahora que la guerra de los exámenes ha terminado, la espada debe volver a su lugar de paz, a su vaina. Así que intentaré despejar la cabeza, y relajarme todo lo que pueda.

Al final de los tres exámenes que iba a hacer sólo pude ir a dos, pero creo que ambos me salieron suficientemente bien.

Bueno, nada más que no tengo muchas ganas de escribir nada.

P.D.: Dicen los antiguos tratados de Bushido (El camino del samurai) que ningún samurai lo es realmente hasta que no ha sido siete veces ronin. Al final todo es un ciclo, lo mismo en la vida que en la guerra.

Saludos.

El jueves, septiembre 15, 2005 escribí esto:

I'm waiting for the rain

Hoy deseé que las nubes cubrieran el azul del cielo con sus mantos grises y que se rasgaran y dejaran caer toda el agua que guardaran. Que lloviera tanto que nadie recordara algo igual en años. Y creo que lo deseaba porque necesitaba que el mal tiempo, el clima invernal, me cambiara el humor y me hiciera sentirme triste. Al menos así me sentiría coherente con esta sensación que tengo de que debería estar cabizbajo.
Porque siento que una bifurcación de caminos está no muy lejos ahí delante. No se si al final encontraré una ruta que me permita evitarla, pero siento que finalmente llegaré a ella, y creo que no me sentiré como se supone que debería. Por eso espero la lluvia mirando al cielo mientras camino, las manos en los bolsillos y la mente vete a saber en qué oscuro rincón. Y si finalmente cae el chaparrón, abriré bien la boca a ver si la lluvia se lleva este sabor a humo en mi estómago vacío.
Un saludo.

El lunes, septiembre 12, 2005 escribí esto:

El vagabundo

Siempre me ha gustado teorizar acerca de todo: de la vida (no en el sentido puramente biológico, sino en el meramente temporal, el tiempo que cada ser vivo tiene para vivir), acerca de las personas, de las conductas, y de todo tipo de cosas similares. Me atrae buscar patrones y modelos para todo: el comportamiento de la gente, las reacciones... En particular, suelo pensar mucho en el rumbo de la vida, en cómo todo aquello que nos ocurre a lo largo de nuestra vida nos influye en el futuro y condiciona nuestras decisiones venideras.

Personalmente, me gusta imaginar mi vida como un camino, y a mi mismo como un vagabundo, un caminante que recorre kilómetro tras kilómetro de esa senda que sin saber hacia donde conduce. Mientras caminas te suceden multitud de cosas variadas e inesperadas, observas paisajes hermosos y atraviesas tierras yermas y secas. El sol te calienta la piel y la nieve te oculta el camino. Las distintas etapas se suceden cíclica e inevitablemente.
El camino está contínuamente cortado por cruces de caminos en los que generalmente no hay indicación del rumbo que toma cada uno, y el caminante debe decidir, no sin gran problema y abundancia de indecisión, cuál de ellos debe seguir.
En ese camino te encuentras a menudo con otros caminantes, algunos llevan el mismo rumbo que tú, y otros van en dirección opuesta. Unos se unen a ti en un cruce, a veces durante gran parte del viaje y otras no tanto, y en otros casos vuestros senderos se separan para que cada caminante llegue al final de su trayecto. Incluso, si tienes suerte, en un cruce por el que no contabas con pasar se te une un acompañante que tal vez tenga el mismo destino que tú y ambos caminéis juntos hasta el final, compartiendo buenos y malos momentos, apoyándose el uno en el otro. Otros, en cambio, te pondrán la zancadilla para hacerte caer y tener el camino despejado para ellos mismos.
Ahora bien, hay a quien el mismo caminar hace que no vea el paisaje. No son lo mismo el camino y el viaje. El uno es un medio, y el otro es el fín. Sin embargo, a menudo el caminante (porque camina para convertirse en viajero) agacha demasiado la mirada buscando la piedra que le hará tropezar, o al errar en el momento de decidir un rumbo en un cruce de caminos, cosa inevitable por no haber indicaciones, se lamenta por la decisión incorrecta y temblará cada vez que una encrucijada asome por el horizonte, ante la posibilidad de un nuevo error.
Sin embargo, no hay que olvidar que en ocasiones, para llegar a un mismo fin se pueden tomar distintos caminos, todos alternativos y distintos el uno del otro. Y al final, siempre se llega al término del camino, y tal vez cuando llega el caminante descubre estupefacto que el lugar que le esperaba no era el que él pensaba y hacia el que se dirigía, sino otro totalmente distinto, pero su punto de destino al fin y al cabo.

Así es como yo me planteo la vida, o al menos la mayoría del tiempo, porque siempre hay ocasiones en que uno no está para pensar en nada. Me gusta ver cada día como una etapa de ese camino, procuro mirar el paisaje mientras mis pies levantan polvo tras de mí. Disfrutar del viaje. En cada cruce de caminos, examino cada opción y me decido por una de ellas, seguiendola. Y una vez superado el cruce, de nada sirve mirar para atrás, porque el camino no se puede desandar. De nada sirve lamentarse por cometer errores al elegir en los cruces. Mejor es buscar la forma de volver al camino correcto, tal vez en el próximo corte de sendas, o quizás mucho más adelante.
No se si mi idea de la vida le parecerá ridícula a alguien, supongo que sí. A mí personalmente me ayuda a encarar cada día con un poco menos de miedo. Y me da un motivo por el que seguir andando todos los días: se que me gustará el sitio que encontraré cuando llegue al final, y seré feliz, porque habré recorrido el camino entero y habré aprendido al fin lo que tenia que aprender: a vivir. Habré aprendido que los errores en los cruces, los tropezones con las piedras, los ladrones que encuentre, la nieve y el viento y la lluvia, todas esas cosas que complicaban la marcha, me han servido para hacerme más fuerte. Porque de todo se puede extraer una lección que aprender.

Si ahora mirara hacia atrás en el tiempo, tampoco mucho, sólo unos meses, no creería que la persona que encontraría pudiese cambiar, hacerse más fuerte, tanto como yo me siento ahora.

Un saludo a todos los caminantes, quizás nos encontremos en la próxima encrucijada...

El sábado, septiembre 10, 2005 escribí esto:

Fix me

Sigo esperando quien me cante esta canción...

When you try your best but you don't succeed
When you get what you want but not what you need
When you feel so tired but you can't sleep
Stuck in reverse

And the tears come streaming down your face
When you lose something you can't replace
When you love someone but it goes to waste
Could it be worse?

Lights will guide you home
And ignite your bones
And I will try to fix you

And high up above or down below
When you're too in love to let it go
But if you never try you'll never know
Just what you're worth

Lights will guide you home
And ignite your bones
And I will try to fix you


Tears stream down on your face
When you lose something you cannot replace
Tears stream down your face
And I...

Tears stream down on your face
I promise you I will learn from my mistakes
Tears stream down your face
And I...

Lights will guide you home
And ignite your bones
And I will try to fix you.

[Fix you, Coldplay]


El viernes, septiembre 09, 2005 escribí esto:

Post odioso

Llevo unos días con la moral bastante baja, con miedo de volver a mi Mundo Tenebroso.
Si tuviera que dar un motivo, no se si sería capaz. Se me ocurren algunas ideas, o más bien esbozos de posibles motivos, pero conociendome, probablemente sea una suma de todas esas mini-cosas la que me lleva a este estado.
* Una etapa: los exámenes, que no me dejan pensar en nada más que en ellos mismos y me impiden mantener una conversación pseudo-inteligente.
* Una frustración: tras 6 años como fotógrafo me veo sin nada concreto en la mano, sólo un archivador con miles de negativos y apenas un puñado de copias buenas en papel, sin tiempo para sacar más copias. He perdido la oportunidad de hacer dos exposiciones este año. Además, mi cámara está muerta, y la reparación no bajará de 220 euros, dinero del que por supuesto no dispongo para tal menester.
* Un déficit: de amigos, de alguien con quien poder quedar para charlar delante de un café o de una cerveza... Durante unos días éste déficit está un poco cubierto debido a una persona que últimamente me ha demostrado que puedo contar con ella para lo que sea, y se lo agradezco. Sin embargo, el día 19 se vuelve a ir.
* Una ausencia: porque la distancia y el embotamiento por los exámenes hacen que no me vea capaz de ayudarla cuando me lo pide. Y porque la echo de menos.

No me siento capaz de seguir escribiendo, me iré a dar vueltas en la cama hasta que me quede dormido, quién sabe a qué hora.

Odio este post.
Odio estar así.
A veces, incluso me odio a mí.

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I'm staring at the ground.
I wish I could bring the spring to your door,
to the coldest side of town.
I carry your wounded dreams
like the devil's deeds in the pocket of my jeans.
[Roxette, Staring at the ground]


El miércoles, septiembre 07, 2005 escribí esto:

Inspiraciones con un cigarro entre los dedos, viendo llover en mi ventana

Mátame cada noche si quieres. Cuando llegue la mañana me levantaré de mi tumba para volver a plantarte cara... una vez más.

Hoy mi estrella no está. La lluvia me la ha arrebatado.

El martes, septiembre 06, 2005 escribí esto:

Guerra inminente... ¡A las trincheras!

Posi. Mañana empieza mi particular guerra mundial (o sea yo contra el mundo). Empiezan los exámenes de septiembre.
Nervios, no muchos. Más bien ansiedad. Y de aquí al 19 del presente mes la cosa me temo que no va a ir a menos. Dios nos pille confesados.
Mañana toca Estadística. Aún no he terminado de estudiar, todavía me queda medio tema, pero es cuestión de media hora. Lo peor será cuando a las tantas de la noche me ponga a repasar toda la asignatura.
El siguiente, el día 13 (bonito número), de Calor y Frío Industrial, ahora llamada Transferencia de Calor. Esa aún no la he tocado este verano, pero la tengo estudiada de este año, y sólo tendría que ponerme a hacer problemas como un loco durante esa semana.
Y por fin, el día 19 (es curioso, los tres días son números primos... Esto sólo puede significar algo bueno) el tan temido examen de Máquinas Eléctricas. A meterse caña de nuevo, que la llevo atrasada y el tiempo corre que parece mentira. A ver qué pasa.

Y una vez sobrepasados los exámenes, y espero haber pasado yo por encima de ellos y no al revés, pues dispondré de la bonita y nada despreciable cifra de ¡13 días de vacaciones! Dios no se qué voy a hacer con tanto tiempo... Seguro que caigo en la droga o me capta una secta... Sólo 13 (de nuevo primo...) días porque el día 3 de octubre toca volver al cole a jugar con la plastilina y el Lego (aunque seguro que ahora en preescolar les ponen la playstation para que se callen) Para esos días ya tengo planes, pero como uno nunca se fía de nada, estoy temblando ante la posibilidad de que algún contratiempo me circuncide las vacaciones (sí, soy así de optimista)

Bueno, pues nada más, me voy retirando porque aún tengo muchas trincheras que cavar, que creo que el enemigo viene armado hasta los dientes y el hijoputa tira a dar.
Hasta la próxima.

El lunes, septiembre 05, 2005 escribí esto:

Mis cielos nublados

Después de tanto tiempo de saberlo, de saber que estaba ahí de contínuo, parece que sólo hoy me he dado cuenta, he comprendido que ciertas cosas tal vez nunca cambien. Porque puede que haya pasado demasiado tiempo escondido tras mis miedos, sin nadie que me diese eso que siempre he necesitado y aún necesito cada día. Y puede que en cuanto alguien me da cuatro mimos y me dice dos palabras amables me aferre como a un clavo ardiendo. ¿Obsesión? No lo sé. Si busco un nombre para ese sentimiento me tiro largo rato con la mirada perdida sin encontrar la palabra. Si tuviera que explicarlo, me costaría mucho y sólo lograría decir, tras pensarlo demasiado, que tengo tantas ganas y necesidad de dar todo lo que tengo en mí que con cada mínimo atisbo de cariño intento entregarlo. Eso diría, y aún no habría conseguido explicarlo. Tengo la impresión de que es algo que no pueda describir con palabras, sino que sólo podría darlo a entender haciendolo, entregandome sin medida. Tal vez sea algo parecido a lo que ocurre cuando se habla de amor, que no se puede explicar pero se reconoce sin dudas cuando llega.
En ocasiones mi rabia explota y mi alma grita que es una maldición el sentir así. El saber que estaré jodido gran parte del tiempo, aunque luego (en seguida) me reponga y salga adelante yo solo. Quiero ser coherente con mis sentimientos y mis ideales, y por eso hace tiempo acepté el trato de llevar este sentimiento siempre conmigo. Cuando esté solo (y ahora lo estoy) no digo que estaré mal, pero tampoco estaré bien, completo. Sin embargo, acepté porque sé que cuando alguien entre en mi vida (de verdad) ese sentimiento me hará darlo todo y quererla como una vez quise, sin esperar nada a cambio, y llegar a sentirme de nuevo como habitando en dos cuerpos y dos mentes a la vez.
A veces me considero débil por tener estas fluctuaciones en mi ánimo sin ningún motivo consistente, pero en seguida me doy cuenta de que no soy tan débil, e incluso a veces creo que el aceptar estasa cosas requiere de un esfuerzo que jamás imaginé que pudiera realizar.
Tal vez me encapriche fácilmente. Eso influye mucho. Y a veces me escondo tras excusas estúpidas para no reconocerlo, y culpo al mundo para ocultarme a mi mismo mis propios defectos y debilidades. Y entonces grito a los cuatro vientos que odio a las mujeres y que sólo quieren jugar con los tíos y hacerles (hacerme, a mí, yo, me , mi, yo, yo, yo, yo, yo...) daño, y desafío a los cielos diciendo que jamás aceptaré compartir mi vida con una de ellas. Sin embargo, el problema está en mí, y días como hoy (y son pocos) soy capaz de reconocerlo.

No se por qué hoy se encendió esa bombillita en mi cabeza que me hizo despertar de mi ingenuidad y levantarme de mi cama hecha de excusas, y despertar a una (otra) nueva realidad confirmada, consolidada. Tal vez nunca cambie, y hasta el día en que alguien ahí arriba se equivoque y mi persona especial (my special thing) llame a mi puerta aunque sólo sea a pedirme un poco de sal, como en las películas, hasta ese mismo día me toque sufrir por mis miedos, mis inseguridades, mi incapacidad de distinguir detalles de intenciones, caprichos de ambiciones y noches de verano de cafés en tardes lluviosas.
Así que probablemente seguiré así mucho tiempo aún, confundiendome y cubriendo las tardes soleadas con mis nubes de tormenta. Sin embargo, he aprendido a afrontar mis sentimientos y los acepto como míos que son, porque ellos son yo y yo soy lo que siento, y ya no lucho contra ellos. Algún día me servirán para volar hasta donde ella esté.
No me pone triste darme cuenta de que me encapricho y me dirijo a una nueva frustración; al contrario, ahora se que lo hago, y puedo intentar descubrir cómo dominarlo.

Ojalá pudiera yo soñar con un mar rojo atardecer. Tal vez eso significaría que algo dentro de mí aún cree que un día cambiaré. Hasta entonces, no me queda otra que seguir escuchando esas canciones hasta que algún día yo también las cante a quien me pida que se la cante al oído.

El viernes, septiembre 02, 2005 escribí esto:

Un rato de paz

Asomado a la ventana, fumando un cigarro (¿Por qué echas humo? De tanto pensar... ¿Y en qué piensas...?, me dijo M). Cuento los coches que pasan. A estas horas, y un jueves, no son tantos.
No es que no pueda dormir, es que ni siquiera quiero irme a la cama. Me gusta aprovechar estos momentos de soledad para pensar tranquilamente, distraerme viendo a las pocas personas que hay por la calle y que se van a casa a disfrutar de un placentero sueño (envidia...).
Simplemente quiero estar a solas con mis pensamientos durante un rato. Ordenarlos un poco y buscar alguna conclusión.
Los cigarros se suceden uno tras otro. Las conclusiones llegan más lentamente. Cuando llegan.

Un coche pasa con la música a todo volúmen.
Levanto la vista hacia la pequeña porción de cielo que se aprecia recortada entre los edificios. Una única estrella es testigo de mi inmovilidad. Por la fecha y la posición supongo que es Vega, pero no puedo asegurarlo. Ya no conozco tan bien el paisaje del cielo. Ahora me perdería fácilmente si tuviera que vagar entre las constelaciones.
Nada me convence de que el tiempo pasa. Nada cambia, nada se mueve. Definitivamente, el tiempo se ha detenido en este instante perfecto.
A lo lejos se oyen unas llaves, un portal que se abre y seguidamente un portazo. Bienvenido a casa, seas quien seas.
El crepitar del cigarro tras cada calada rompe el silencio en mi microuniverso. Mantengo el humo dentro de mis pulmones todo lo posible. Dejo que el tabaco me maree y me lleve lejos.
Miro el cigarro que tiembla entre mis dedos sin pulso. La leve brisa consume lentamente el papel que se quema en un naranja intenso. El mismo naranja que está en todos lados, en toda la calle y todas las fachadas.

Sí. Disfrutaré el presente, jugaré un poco a la vida apostando por mis cartas. Quiero sentir que soy capaz.
Voy a intentar dejar mis agobios atrás. Sólo son peso extra mientras camino, y no me hacen ningún bien. Quiero disfrutar de esto.

Mi estrella se ha movido demasiado, sabe dios el tiempo que llevo aquí. Calculo rápidamente cuánto puede ser, midiendo mentalmente la distancia que ha recorrido (en una hora la tierra gira 15 grados sobre su eje, por tanto una estrella se desplaza ese mismo ángulo en una hora), y me asombro al ver el resultado. Parece ser que al final el tiempo no se había detenido tal y como me había parecido...

El jueves, septiembre 01, 2005 escribí esto:

¿Que si tengo miedo?

Siempre...

Un pastor alemán corriendo tras una pelota...

Un torbellino de pensamientos y sentimientos, eso es lo que desde hace unos días tengo dentro de la cabeza. Pensamientos y sentimientos no del todo bien recibidos, porque vienen a mordisquear la cuerda que me sujeta a mi determinación. Lucho y me obligo a no ceder, y lo consigo sin dificultad. Y luego me paro a pensar en las razones por las que no dejo que me dominen, y debo confesar que no siempre logro comprenderlas. A largo plazo, sin embargo, siempre acaban siendo reconocidas como ciertas.
Con cada cigarro que me fumo entre horas de estudio el tema vuelve a mi cabeza, y más de uno de esos cigarros se consumió completamente sin que le diera una sola calada. Tal vez sea demasiado el tiempo que me absorbe (no siempre sin mi permiso), pero me gusta llevar las cosas lo mejor analizadas posible.
Tengo dudas. O lo que es peor, creo que quiero tenerlas. Eso significaría sentirme un poco más vivo, tener algo que pensar que no sean las funciones de distribución, las máquinas asíncronas y los intercambiadores de calor. Escapar durante los diez minutos de cigarro de esa biblioteca, evadirme y pedir refugio en mi mundo particular que tantas veces me ha acogido, sentado en un banco del parque viendo correr a los perros.
Al final, creo que necesito esas dudas para escapar. Pero con cuidado, estoy jugando con fuego, y por mucho que me guste el fuego, no quiero quemarme...