El lunes, septiembre 12, 2005 escribí esto:

El vagabundo

Siempre me ha gustado teorizar acerca de todo: de la vida (no en el sentido puramente biológico, sino en el meramente temporal, el tiempo que cada ser vivo tiene para vivir), acerca de las personas, de las conductas, y de todo tipo de cosas similares. Me atrae buscar patrones y modelos para todo: el comportamiento de la gente, las reacciones... En particular, suelo pensar mucho en el rumbo de la vida, en cómo todo aquello que nos ocurre a lo largo de nuestra vida nos influye en el futuro y condiciona nuestras decisiones venideras.

Personalmente, me gusta imaginar mi vida como un camino, y a mi mismo como un vagabundo, un caminante que recorre kilómetro tras kilómetro de esa senda que sin saber hacia donde conduce. Mientras caminas te suceden multitud de cosas variadas e inesperadas, observas paisajes hermosos y atraviesas tierras yermas y secas. El sol te calienta la piel y la nieve te oculta el camino. Las distintas etapas se suceden cíclica e inevitablemente.
El camino está contínuamente cortado por cruces de caminos en los que generalmente no hay indicación del rumbo que toma cada uno, y el caminante debe decidir, no sin gran problema y abundancia de indecisión, cuál de ellos debe seguir.
En ese camino te encuentras a menudo con otros caminantes, algunos llevan el mismo rumbo que tú, y otros van en dirección opuesta. Unos se unen a ti en un cruce, a veces durante gran parte del viaje y otras no tanto, y en otros casos vuestros senderos se separan para que cada caminante llegue al final de su trayecto. Incluso, si tienes suerte, en un cruce por el que no contabas con pasar se te une un acompañante que tal vez tenga el mismo destino que tú y ambos caminéis juntos hasta el final, compartiendo buenos y malos momentos, apoyándose el uno en el otro. Otros, en cambio, te pondrán la zancadilla para hacerte caer y tener el camino despejado para ellos mismos.
Ahora bien, hay a quien el mismo caminar hace que no vea el paisaje. No son lo mismo el camino y el viaje. El uno es un medio, y el otro es el fín. Sin embargo, a menudo el caminante (porque camina para convertirse en viajero) agacha demasiado la mirada buscando la piedra que le hará tropezar, o al errar en el momento de decidir un rumbo en un cruce de caminos, cosa inevitable por no haber indicaciones, se lamenta por la decisión incorrecta y temblará cada vez que una encrucijada asome por el horizonte, ante la posibilidad de un nuevo error.
Sin embargo, no hay que olvidar que en ocasiones, para llegar a un mismo fin se pueden tomar distintos caminos, todos alternativos y distintos el uno del otro. Y al final, siempre se llega al término del camino, y tal vez cuando llega el caminante descubre estupefacto que el lugar que le esperaba no era el que él pensaba y hacia el que se dirigía, sino otro totalmente distinto, pero su punto de destino al fin y al cabo.

Así es como yo me planteo la vida, o al menos la mayoría del tiempo, porque siempre hay ocasiones en que uno no está para pensar en nada. Me gusta ver cada día como una etapa de ese camino, procuro mirar el paisaje mientras mis pies levantan polvo tras de mí. Disfrutar del viaje. En cada cruce de caminos, examino cada opción y me decido por una de ellas, seguiendola. Y una vez superado el cruce, de nada sirve mirar para atrás, porque el camino no se puede desandar. De nada sirve lamentarse por cometer errores al elegir en los cruces. Mejor es buscar la forma de volver al camino correcto, tal vez en el próximo corte de sendas, o quizás mucho más adelante.
No se si mi idea de la vida le parecerá ridícula a alguien, supongo que sí. A mí personalmente me ayuda a encarar cada día con un poco menos de miedo. Y me da un motivo por el que seguir andando todos los días: se que me gustará el sitio que encontraré cuando llegue al final, y seré feliz, porque habré recorrido el camino entero y habré aprendido al fin lo que tenia que aprender: a vivir. Habré aprendido que los errores en los cruces, los tropezones con las piedras, los ladrones que encuentre, la nieve y el viento y la lluvia, todas esas cosas que complicaban la marcha, me han servido para hacerme más fuerte. Porque de todo se puede extraer una lección que aprender.

Si ahora mirara hacia atrás en el tiempo, tampoco mucho, sólo unos meses, no creería que la persona que encontraría pudiese cambiar, hacerse más fuerte, tanto como yo me siento ahora.

Un saludo a todos los caminantes, quizás nos encontremos en la próxima encrucijada...

Comments:
Muy bonita metáfora, y si es una idea ridícula, me da igual, yo la comparto :-)
 
owo ninio!.. .-. bueno, cada cabeza es un lio... acias por compartir lo q piensas^^!
 
Esto me recuerda que tu anterior nick era El caminante,no? ahora lo entiendo...

Bonita y real disertaciónn sobre la vida,pues yo también la he visto así...como un camino q recorrer,a veces llano y fácil,otras montañoso y difícil...debemos aprender a caminar,en ese momento sabremos lo que es la vida y vivir...
No mires hacia abajo,ten la cabeza bien alta y coje el mejor camino y no le tengas miedo a los contratiempos...pues los debemos pasar.

Muxos besos
 
Bonito post. Besos!!!
 
Hoy se ha cruzado un vagabundo en mi camino y todo lo que decía me parecía tan cierto, tan parecido a las cosas que a veces se me pasan por esa cabeza mía, que he sabido que aún siendo distintos, aún sin conocernos de nada, paseamos por el mundo sin mirar miradas que tanto podrían enseñarnos.
 
Best regards from NY! »
 
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