El viernes, septiembre 30, 2005 escribí esto:

La chica del asiento 21

Trayecto Oviedo-Gijón. 28 kilómetros aproximadamente. El sol se acerca al horizonte, y mientras el bus describe una curva en la carretera, el astro rey se desplaza tras el cristal y se oculta tras el rostro de la chica que va a mi lado. La luz naranja resalta sus cabellos rebeldes que escapan de la cola recogida, cabellos que ahora parpadean cuando los árboles producen miles de eclipses solares en un segundo. Ella es una extraña. Una persona cualquiera, con su familia, sus amigos, sus ocupaciones... sus problemas. Clavo mi mirada en ella. En sus ojos ladeados. Intento leer su vida. Imaginar su jornada, si ha sufrido, si se ha divertido, si está cansada... Está absorta mirando por la ventanilla. Sólo despega su mirada del paisaje para pasar las canciones en su reproductor de mp3, luego devuelve su atención a la nada de ahí fuera. Me fijo en que los ojos no enfocan ningún objeto en concreto; no saltan de un lugar a otro; están quietos.
No la conozco. Por eso me fijo en ella. Observo al resto de pasajeros. Tres asientos más adelante una señora mayor discute sobre tonterías con una amiga por el móvil. Dos chicos negros hablan detrás de ella en un idioma extraño. A mi derecha, al otro lado del pasillo, una señora elegantemente vestida duerme con la cabeza echada hacia atrás y la boca abierta, como una niña pequeña. Su bolso de marca entre sus manos, descansando en su regazo. En el asiento contiguo al suyo, sus compañeras de viaje son las bolsas donde lleva sus últimas adquisiciones de moda.
Incluso me levanto ligeramente para ver quién viaja en la parte trasera del bus. Gente jóven, la mayoría viajan solos y están callados, escuchando música. Cuántos universos particulares, pienso. Una pareja habla bajo, entre caricias. Vuelvo a sentarme. En momentos como éste es cuando me doy cuenta de que soy, siempre he sido, y siempre seré, un viajero solitario. En ese autobús, el mismo que cogí en el viaje de vuelta, y el mismo que cogí hace dos semanas (la pintada del asiento lo delata: Jai), con todos esos desconocidos, con los árboles pasando velozmente en la ventana, en esos 20 minutos me siento realmente bien. Y no llego a entender por qué, así que también yo regreso a mi universo particular.

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I will run for shelter
endless summer lift the curse
it feels like nothing matters
in our private universe
[Private universe, Crowded House]


Comments:
Conozco esa sensación y me encanta
 
Adoro esos momentos en los viajes, en que te parece enorme cualquier detalle y se fija en tu memoria...Y te sientes bien, y no sabes por qué...Yo siempre pienso en escribir algo al respecto y luego se me olvida, ahora ya no me hace falta, ya lo hiciste tú...
 
Antes iba a una academia a Valencia,y siempre iba en el tren y me encantaba...iba sola,con mi música o mi libro y me fijaba en la gente e intenataba saber algo de sus vidas...me encantaba...ahora estudio a 10 km de mi casa y el trayecto es de 5 min y no me da para mucho,jaja.

Besossss
 
Yo tb he sido la chica del asiento 21 en alguna ocasión...casi siempre, vaya!

:)!

Kisitos.
 
¿de que marca era el bolso ?? :-PP
 
Best regards from NY! » »
 
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