El viernes, noviembre 25, 2005 escribí esto:

Otoño

...Let me stay where the wind whispers to me, where the raindrops as they're falling tell a story...

Llueve.
La música entra por mis oidos y me desborda mientras miro las gotas caer de las hojas amarillentas de los árboles.

El jueves, noviembre 24, 2005 escribí esto:

7 días

Parece que haga mil horas que estoy en pie. Los días se suceden a cual más largo. Y mañana promete ser peor aún. Saldré de casa a las 7:30 de la mañana y llegaré probablemente no antes de las 12 de la noche. Y no pararé apenas en todo el día. Y cuando llegue, a seguir currando en el ordenador.

Ella, la que con el silencio de su alma fue capaz de dejar al mundo inmovil, me ha hecho otra visita nocturna, asomada a su ventana que da al mar. Como cada vez que se cuela por aquí, me ha hecho sonreir. Hacía tiempo que no encontraba a alguien capaz de plasmar su interior en unas líneas con esa sencillez elegante, sobre todo cuando no tiene motivos para hacerlo más que la misma apetencia de ello. Y mucho menos para regalar esas líneas a un extraño. Sea por lo que sea, me alegro. De nuevo espero su visita semanal en la noche.

Curiosamente, en blogs como éste he encontrado a más gente de éste tipo de la que nunca pensé encontrar ahí fuera. Me da que pensar.

Pero no son horas de pensar. Son horas de ponerse a hacer las cosas que tengo que tener para mañana.

Un beso, a tí por pasarte por mi mundo y decirme esas cosas.
Un saludo, a todos los que pasáis por aquí.

El martes, noviembre 22, 2005 escribí esto:

Érase una vez que se era...

En un remoto lugar, lejos de toda civilización, hay un pequeño país, desconocido de casi todo el mundo.

En ese pequeño país viven todo tipo de personas: un niño que aún cree que puede cambiar el mundo, un viejo que se siente demasiado mayor para permitirse el lujo de pensar que merece la pena luchar por algo, un romántico sin remedio que siempre se enamora de quien no debe, un artista que recorre el mundo buscando su obra maestra, un asesino frío y sin sentimientos, un vago que se pasa el día tirado al sol dormitando, niños que inundan todo con sus risas, chicas hermosas tanto a la vista como al corazón, viudos que buscan en el reflejo de un lago la sombra de su amada perdida, un poeta frustrado que busca cómo ganarse el pan que llevar a la boca, integrantes de bandas callejeras que te clavan sus frías miradas cuando te cruzas con ellos, un pobre loco con ataques depresivos y algo paranoico, un amante dispuesto a trepar a la ventana de su enamorada en el mismo momento en que ella le deje, un cantautor que lanza canciones de amor al aire y espera que alguien las recoja, un vagabundo que deambula por las calles sin un rumbo determinado y se sienta en las esquinas a mendigar un poco de calor...

Ese pequeño país está completamente amurallado, por toda su frontera. Existen algunas entradas en esas murallas, pero ahí la vigilancia es extrema. Rara vez los guardias dejan entrar a los forasteros, porque no pueden pagar el precio acordado por visitar el país.
Sin embargo, esas murallas no son perfectas. Hay zonas donde están algo derruidas por el paso del tiempo y las inclemencias del clima, y los procesos de reconstrucción son lentos, por lo que durante algunos periodos de tiempo ciertas partes de la muralla ofrecen resquicios por donde alguien pueda colarse hasta lo más profundo del país. Y los habitantes de éste país adoran a los forasteros, y en seguida se encariñan con ellos y buscan su aprecio. Pero estos extranjeros casi nunca vienen a quedarse, sólo están de paso, y ni siquiera vienen a traer cosas del exterior, a aportar su grano de arena a la comunidad, sino que sólo vienen a pasearse por la ciudad y en seguida se van. Es entonces cuando los habitantes de éste curioso país se sienten mal, abandonados e incomprendidos, porque pensaban que los forasteros querrían quedarse con ellos un tiempo, quizás para siempre, y no irse en cuanto echaran un ojo a los alrededores sin siquiera pararse a conocer a las gentes.

En la capital hay una gran catedral con grandes vidrieras de colores. Su interior casi siempre está dominado por una atmósfera cargada de polvo y humo de las velas, y generalmente nunca hay fieles. Casi siempre está vacía, salvo algunas ancianas que se resisten a perder su fé, fuerte y viva como el primer día. Ellas se lamentan de que el país haya caído en semejante decadencia, y mueven la cabeza hacia los lados mientras recuerdan cómo hace años la gente se agolpaba en los cruceros, en la galería, hasta en el presbiterio. La gente tenía fé. Los largos años de guerra la robaron de sus corazones.

En los bares se pueden oir las antiguas historias, contadas por los más ancianos que hablan a menudo de tiempos mejores en que las gentes eran felices, la economía estaba saneada y todo el país funcionaba a la perfección, con perfecta coordinación. A más de uno le asoma una lágrima recordando viejos tiempos, nostálgico.

También hay un cementerio, un poco grande para el tamaño del país, lleno de tumbas de suicidas desesperados, de amantes muertos en duelos al amanecer, de gente asesinada por la espalda, de viejos que murieron de soledad, de parejas felices que vivieron toda su vida juntos, de personas que llegaron a la muerte sin dar su brazo a torcer...

Todavía hay gente que intenta entrar en la ciudad por las puertas, que intentan convencer a los guardias de que les permitan el paso, pero últimamente han llegado avisos de ladrones y timadores en los alrededores, y se han vuelto desconfiados.
Dicen que a los que se muestran amables y sinceros, a los que ofrecen sin pedir nada a cambio, a los que llevan su corazón en la mano, a esos no les ponen demasiados problemas para cruzar las puertas. Y las gentes del país los recibirán con los brazos abiertos.

El lunes, noviembre 21, 2005 escribí esto:

Ojos

Hay un nuevo bulto en mi cajón de Ilusiones Rotas.
Éste tiene forma de dos ojos de esos que te hacen querer intentar hacer feliz a su dueña, de una sonrisa tímida, ligera y espontánea, de una mirada furtiva que huía de la mía, de una voz dulce que temblaba con cada palabra.
Ni siquiera me dejaste decirte esas cosas. No me diste tiempo para nada.
Me hubiera gustado conocerte un poco más. Tal vez algún día.

Un nuevo bulto para el cajón de Ilusiones Rotas, pero he aprendido a cerrarlo con llave para que no se abra por accidente y salgan de nuevo.
Y un nuevo capítulo en el Compendio de Historias Extrañas con Mujeres.

Un saludo.

Escuchando... I saved the world today - Eurythmics

El sábado, noviembre 19, 2005 escribí esto:

Batiburrillo

Ayer tuve una sensación un poco extraña. Por cuestiones de prácticas, me pasé todo el día, desde las 10 de la mañana hasta las 9 de la noche en la universidad, cargado hasta los dientes de libros, apuntes, y con el portátil colgando del hombro, a carreras de un lado para otro. Todo son prisas.
Cuando por fín me siento en el autobús para volver a casa, de repente me relajo. Todo el cuerpo pierde su tensión, parece que se desmorona. Mi espalda toma la forma del asiento, me dejo deslizar hasta que las rodillas pegan en el asiento de delante. Y así me quedo.
Y a medida que me voy acercando a mi parada, 40 minutos después de salir de la universidad, esa sensación empieza a hacerse más fuerte. Entonces me doy cuenta sobresaltado de lo que es. En ese mismo momento, hubiera dado cualquier cosa, lo que fuera, por tener a alguien esperandome, alguien que me recibiera con un beso y una sonrisa, por tener un regazo en el que apoyar mi cabeza mientras vemos la tele y dormitar un rato al calor de su cuerpo. Alguien con quien compartir los últimos momentos de ese día. Pero no.
Supongo que todos hemos tenido esa sensación a menudo, pero yo nunca la tuve tan intensa como ésta vez. Puede ser que me relajara demasiado en el asiento del bus, despues de 11 horas frenéticas, y deseara que ese bienestar se prolongara más allá de la parada del bus. No lo sé. Lo cierto es que me ha hecho sentirme un poco triste. Pero nada serio.

Cambiando de tema, ésta tarde me encontré con unos conocidos, que me corrompieron para ir a tomar algo. Y con lo difícil que es convencerme a mí, no les costó demasiado. Vamos, que nada de nada. Así fue la cosa que M se dedicó a decir a N, la camarera: "Oye, N, pónle a éste un tequila, pero del que toma siempre él, ¿eh?" M es el hermano de otra de las camareras que trabaja allí (ahora está de vacaciones). Con el cuento del tequila, me tomé tres chupitos allí y luego cambiamos de sitio para seguir tomando más chupitos, y como el menda apenas había comido nada en todo el día, a las 8 de la tarde uno ya estaba como que un poco mareado, y con el estómago quejándose a voces.
Llegúe a casa a eso de las 10:15, y el primer instinto fue ir al baño a vomitar, pero nada, que se resistía. Opté entonces por la segunda opción, cenar algo a ver si me asentaba el estómago y mira, que funcionó. Ahora mismo estoy en plena resaca sin haberme acostado todavía. Manda huevos.

Acabo de terminar de ver la peli de "El viaje de Carol", que ponían en Versión Española. Ya la había visto dos veces, pero tiene algunos detalles que me gustan. Mi madre estaba sentada a mi lado en el sofá. Aunque siempre he sido muy independiente dentro de mi casa y no hago mucha vida familiar por decirlo así, me apetecía compartir un rato con ella. Comentar cosas de la película, o de los actores. Es un gesto que tampoco cuesta tanto. No sé por qué no lo hago más a menudo.
Lo que me sorprendió fue verla secarse los ojos cuando estaba a punto de terminar. Vale que el final es un poco dramático, pero no tanto como para afectar a mi madre, que ha visto películas mucho más tristes sin pestañear. Podía verle el brillo en los ojos enrojecidos, aún cuando la miraba de reojo para que no supiera que la veía y reaccionara vergonzosa.

Me voy con mi dolor de cabeza a otra parte.
Saludos.

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Olvídate de todo lo que fui, y quiéreme por lo que pueda llegar a ser en tu vida,
tan loca y absurda como la mía, como la mía...
[Con sólo una sonrisa, Melendi]


El jueves, noviembre 17, 2005 escribí esto:

Coñe, qué frío...

... Esto me pasa por pelarme la cabeza al 1 cuando sopla el viento del Cantábrico. Pero para algo tengo mi gorrito.
Había ido a la peluquería con una idea definida, pero fue abortada sobre la marcha. El resultado no me convencía: la nuca pelada al 1, y tras la oreja izquierda, una trencita. La cosa es que tampoco tenía el pelo demasiado largo, y me quedó una trenza de apenas 5 cm. El resultado no me convencía, así que decidí que la próxima vez me arreglo el pelo en vez de cortalo, y para la siguiente me la dejo.
Por supuesto, me arrepentí de inmediato, mientras me pasaba la máquina por mi único mechón de pelo... Míralo, ahí cae...
El estrés (ese viejo y puñetero amigo) ya se asoma a mi vida, de tanto trabajo que se acumula y que a duras penas soy capaz de llevar a cabo. Pero lo hago, que a cabezón me ganan pocos. Apenas tengo un rato libre para mí, y las noches las paso indagando por internet en busca de información para diversos trabajos y proyectos. Vaya año que me espera. Pero mira, casi que me alegro.
He estado mirando becas en el extranjero, y creo que ya me he decidido por una en concreto. También ha pasado la prueba de mi madre (la Gestapo a su lado... no se yo), que no ha dicho ni si ni no, como de costumbre, pero lo de siempre: que mientras sea para hacer las cosas bien, para que me valga para algo, que vale. O sea, que sí.
De momento no diré nada más, tal vez cuando tenga más información, cuando me tenga pateados todos esos despachos que tengo que visitar, y haya hablado con la gente que estuvo allí el año pasado. Me han dicho que la universidad está muy bien, y la zona, preciosa.
La beca sería en principio para empezar en septiembre, puede que en agosto, y es de 9 meses. Vamos, un embarazo. Me voy 9 meses y vengo con un hijo: el proyecto de fín de carrera.

Siento no publicar a menudo, pero estoy saturado. Ahora mismo estoy en un paréntesis (a la 1:21 de la mañana) en mi búsqueda de informaciones. Disculpas también por no aparecer demasiado por vuestros blogs, pero que sepáis que los leo.

Nada más. Saludos a tod@s.

Vibrando con... Desenchantée - Kate Ryan (versión cañera cañera para levantar a un muerto)

El jueves, noviembre 10, 2005 escribí esto:

... and what silences me is written into law

Cosas por hacer, sobran. Ganas, pocas. Pero qué remedio...

Algo intermedio entre cielo y tierra, entre realidad y evasión, donde las ideas parece que fluyen más facilmente.

Te busco, te esquivo, te temo...
Me buscas, me hablas, me dices esas cosas que me hacen callar y no saber qué decir.
Soy cobarde, lo sabes. Mi mismo fuego, que te alumbra y da calor, me sume en tinieblas.

Camino bajo la lluvia. Tal vez esas gotas que deslizan por mi cara sean lágrimas de otros, que caen desde algún lugar en las alturas. Mucho deben llorar por ahí arriba.

La mente teje las redes del futuro imaginando lugares, tiempos, compañías... Por supuesto, es como fantasear. Pero eso no es malo, ¿verdad? A veces también repasa los nudos del pasado, no sé si con algo de nostalgia o con total indiferencia.

Tal vez esa canción que suena en la tele tenga razón...

This used to be my playground, this used to be my childhood dream
This used to be the place I ran to whenever I was in need of a friend
Why did it have to end? And why do they always say...

Don't look back. Keep your head held high
Don't ask them why because life is short
And before you know you're feeling old
And your heart is breaking don't hold on to the past
Well that's too much to ask

[...] And why do they always say...
Live and learn
Well the years they flew and we never knew we were foolish then
We would never tire and that little fire is still alive in me
It will never go away...
Can't say goodbye to yesterday

[...] And why do they always say...
No regrets
But I wish that you were here with me
Well then there's hope yet
I can see your face in our secret place, you're not just a memory
Say goodbye to yesterday... Those are words I'll never say

This used to be my playground
This used to be our pride and joy
This used to be the place we ran to
...That no one in the world could dare destroy
...I wish you were standing here with me

...The best things in life are always free,
Wishing you were here with me...
[This used to be my playground, Madonna]


Suelo tener a alguien en mente cuando escucho (o canto) una canción, o identificarme con la letra (como todos, supongo) Porque las canciones hablan por mí, porque expresan lo que soy incapaz de transmitir. A veces, como ahora, no ocurre así. Símplemente me siento transportado a otro tiempo y lugar.

Ping... Ping... Salto de un lado a otro. Hoy el sueño va a pasarlo mal para convencerme. Demasiada actividad ahí dentro.
Tantas cosas que pensar, tantos pasos que determinar. Y no quiero esperar para tomar las decisiones.

Una carta pendiente de ser escrita, y no hay palabras.
Papeleos, idiomas, despachos, encuestas, reuniones, textos, programas que cumplir, doctores, discusiones, cabreos, laboratorios, respuestas, ofertas, carreras por los pasillos, mapas...
Vamos, mucho ajetreo (mental y terrenal)
Y me alegro.

Para el que no se haya dado cuenta, éste es un post absurdo. El insomnio es lo que tiene.

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Luchar por luchar... no tiene sentido...

Sobrevivir por sobrevivir... no tiene sentido...

Yo...



Yo quiero vencer.


El lunes, noviembre 07, 2005 escribí esto:

Suicidiario: la Maldición

Así, de repente. Todo se fue al carajo. Tan rápido que ni siquiera me dio tiempo a reaccionar.

Me quedé con los ojos pegados al monitor. Intentando comprender qué ocurría.

Vale, muchas veces me expreso fatal, y lo que digo se podría malinterpretar. Pero esperaba que me conociera lo suficiente para saber que nunca voy por ese camino, que nunca digo las cosas con segundas intenciones, que intento ser lo más expresivo que puedo. Pero está claro que no lo consigo. Parece que estemos condenados a no comprendernos.

Y lo que me revienta es que ni siquiera sé lo que le pareció mal.
Y ahora me siento culpable y no se por qué.
Ya no sé qué hacer.

Es mi maldición. Supongo que nunca aprenderé a decir lo que quiero decir sin crear malentendidos.
Y las consecuencias pesan en mí. No quiero que pase esto.

En momentos como éstos es cuando desearía desaparecer y empezar de cero en cualquier otro lugar, porque me da la sensación de que aquí todo está estropeado, que ya lo he hecho todo tan mal que no tiene remedio.

Sólo tengo ganas de irme a la cama, taparme completamente y que todo sea negro y que todo desaparezca por unas horas.

Si he hecho algo mal, lo siento, de veras. No he sabido hacerlo mejor. Por eso estoy donde estoy.

Lo siento.
Lo siento...

El viernes, noviembre 04, 2005 escribí esto:

Princesa

Me dijiste, venga, quedamos mañana y me cuentas.

Hablaste, me contaste tus cosas, me escuchaste.
Un contacto.
Una mano que entrelaza la mía un segundo y una mirada tierna.
Tu confianza, pagada con la mía.
Una leve caricia, cierro los ojos y me acuno en la palma de tu mano. Tu calidez me contagia -es tan... real... sincero...-
Un abrazo, un beso insignificante.
"Eres bueno. Bueno y tierno. No, no cambies por nadie. No, no lo hagas..."

Pequeños momentos que encierran todo lo que eres.
Últimamente te entiendo mejor. No te importa la idea que la gente tiene de tí; de hecho, así sólo la gente que quieres sabe realmente cómo eres. Y a mí me permitiste saberlo hace tiempo.

Pequeños detalles, gestos, miradas, palabras... Silencios.
Realmente no era tan dificil. Tú lo sabías. Por eso te dedico estas palabras que nunca leerás.

Táctica y estrategia

Mi táctica es
mirarte
aprender cómo sos
quererte como sos.

Mi táctica es
hablarte
y escucharte
y construir con palabras
un puente indestructible.

Mi táctica es
quedarme en tu recuerdo
no se cómo, ni se
con qué pretexto
pero quedarme en vos.

Mi táctica es
ser franco
y saber que sos franca
y que no nos vendamos
simulacros
para que entre los dos
no haya telón
ni abismos.

Mi estrategia es
en cambio más profunda y más simple
mi estrategia es que un dia cualquiera no se
cómo , ni se
con qué pretexto
por fin me necesites.
[Mario Benedetti, Táctica y estrategia]


Para tí. Que te acompañe en la noche, si así lo deseas.

El jueves, noviembre 03, 2005 escribí esto:

Piedra

Ya no se por qué espero. "Eres tonto", me dijo alguien una vez. "Sí, lo soy, y siempre lo seré, no quiero cambiar", le contesté. Pues paga el precio.

Me hago de piedra.
Me obligais a ello.
Piedra dura y fría.

¿Y por qué no? Tal vez sea el momento. Tal vez otros deban sangrar ahora a través de mis heridas.

El miércoles, noviembre 02, 2005 escribí esto:

Donde quiera que estés...

Hola.
Hace mucho que no vengo a verte. Como habrás visto, ayer no vine. No me gustan las aglomeraciones. Prefería estar sólo, y hoy no hay nadie por aquí.
Sí, ahora fumo. En realidad hace ya mucho, desde que te fuiste. Se que no te gusta.
Te gustará saber que éste año estoy en el último curso de la carrera, y espero terminarla como tarde en septiembre. El año que viene tal vez me vaya al extranjero a hacer el proyecto.
Estoy bien. Los demás también, al menos por fuera. Por dentro ya no se. No te voy a hablar de temas amorosos, porque nunca te interesaron. De todos modos, no hay nada que contar.
Espero que no te importe que llore. Estas flores son bonitas.
Todos hemos cambiado en estos meses, supongo. Yo he estado mucho tiempo perdido, esos dos años y éste último año y medio me han hecho mucho daño, incluso tengo la sensación de que la estructura de mi mente se ha derrumbado. A menudo pierdo el contacto con la realidad y me encierro en mí mismo como hace años. No tengo recuerdos de los últimos 36 meses. Me he sentido muy sólo cuando necesitaba que alguien me escuchara, cuando no entendían cómo me sentía. Me llené de paranoias, de ideas confusas que me hicieron distanciarme de mucha gente, cuando nunca tuve a demasiados alrededor. He perdido casi todas mis motivaciones e ilusiones. Ahora prefiero estar tirado en la cama viendo las moscas volar que pegarme a los libros o a mis cuadernos de notas, inventando o calculando trastos inútiles. O pasarme la tarde entera delante de un café sin hacer nada. Rehuyo a la gente. Ya no confío en las personas.
Mamá está bien, creo. Nunca fuimos una familia ejemplar en esto de la comunicación. Sea como sea, ahora la veo mejor que antes. Lo pasó mal con los papeleos, y enseguida reordenó la habitación. Supongo que necesitaba cambiarla un poco. Hay fotos tuyas por todos lados. Incluso aquella en la que sales con el doctor, la que publicaron en el periódico cuando la huelga sanitaria. Yo mismo fui a la redacción del periódico a ver si podía conseguir una copia, y no me pusieron ningún tipo de problema. Se te ve bien en esa foto, la sonrisa aún es sincera y el brillo en los ojos no delata lo que ocurre por dentro.
I terminó la carrera el año pasado, y te dedicó el proyecto. Una dedicatoria sencilla, cinco palabras en la primera página. Tiene trabajo fijo, que es bastante, y se ha comprado un piso junto con M. Pronto se iran a vivir en el, de momento están amueblandolo.
El otro, sigue trabajando en el mismo sitio. Está contento, pero podría estar mejor.
No se qué más podría decirte de ellos, en estos momentos no se me ocurre nada más.

Los abuelos siguen bien. Lo pasaron muy mal también, y durante un tiempo estuve muy preocupado por ellos. Ahora estan mejor, aunque siguen humedeciéndoseles los ojos cuando se habla de tí. A él habrá que operarle dentro de poco de un ojo para evitar que la retina se le desprenda y se quede ciego.
A M, tu madre, tuvimos que ingresarla el mes pasado por una arritmia cardiaca. Creí que no lo contaba. Lleva mucha carga encima, lo tuyo fue como un balazo en la sien, y además no para, cuidando todo el día a los nietos pequeños. Ahora está con medicación, supongo que preventiva y está bien. Sintrón, ya sabes cómo va eso.
Tus hermanas, bien, hasta donde sé. Tu sobrina M se puso muy triste porque no pudo venir desde Alicante para despedirse de tí, ni tampoco al funeral. Tu hermana C y L se han separado definitivamente; L se quedó un poco marcado por la charla que tuvo contigo la semana antes de que te fueras, y no me extraña, porque yo estaba allí, a los pies de la cama del hospital, y parecía una despedida en toda regla. Se le enrojecieron los ojos y se pusieron brillantes. Y todo lo que le dijiste, de que aunque se separaran, él seguiría siendo tu cuñado, y que le querías mucho. Los demás, como siempre.
Voy a sentarme un rato, me tiemblan las piernas.

Me porté muy mal contigo todo ese tiempo. Te odiaba, y no soportaba estar contigo. Ahora lo siento, cuando te fuiste me arrepentí mucho. Todas aquellas tardes en tu habitación, mientras te retorcías de dolores en la oscuridad, yo sentado en el taburete, sin poder hacer nada durante horas y horas más que darte las pastillas de morfina mientras te veia llorar y decir que querías morir. Aún me cuesta entrar en tu habitación, sobre todo de noche, cuando la única luz es la de la mesita. Y cuando entro, sigo sintiendo ese escalofrío. El sillón azul que tantas veces me acunó en la vigilia sigue ahí.
La semana entera en el hospital contigo -la última semana-... Siento no haberte acompañado nunca a esas horribles sesiones, ni a los TAC, ni a las RMN... Me escudaba en que tenía clases o prácticas para no ir. Generalmente era verdad, pero otras veces... Recuerdo cómo lloraba por las noches de impotencia, cuando te oia llorar de dolor y suplicar que te llevaramos al hospital para que te dejaran allí. Odiaba las noches, porque tenía miedo de oir tus lamentos. Empecé a tomar pastillas para dormir y no oirte. Y aquella tarde...
Cuando cogí el teléfono supe que algo iba mal. Iba de camino a casa, y me llamó I para decir que C estaba de camino a casa, que allí me recogería para ir al hospital. Cuando pregunté qué pasaba, se le rasgó la voz, y dijo que estabas mal. Comprendí inmediatamente, y eché a correr. Llegué justo cuando llegaba C con el coche, tenía la mirada asustada, subí y salimos disparados hacia Oviedo. Recuerdo ir por la autopista sin tocar el carril de la derecha para nada. Yo quería que fuera más rápido. Ella me preguntaba si sabía algo, pero no sabía más que ella. Llegamos al hospital y fuimos a la planta donde tenías que estar, pero la habitación estaba vacía. Mal asunto, me dije. Sabía exactamente dónde estabas. Cambiamos de planta. Evidentemente, te habían cambiado a una habitación individual. Malo.
No estaba preparado para aquello. La mirada perdida, te costaba respirar y lo hacías ruidosamente... Las palabras del médico, y el llanto ahogado de tu madre. La inyección en el bote de suero... El gorgoteo en tu garganta...
Cuando todos estaban reunidos, desaparecí. Comencé a subir escaleras hasta que ya no había más, y me quité el disfraz. Y lloré mientras hablaba por teléfono. Eran las doce en punto.

Luego todo fue muy rápido. Los días pasaron como si nada. Recuerdo a mis tías separandome violentamente del cristal del tanatorio -quería borrar esa maldita mirada de mi mente!-, y las palabras de C sentados en los escalones.

Si no te importa, me voy a callar unos segundos. No quiero que esa señora me vea así.
Ya ha pasado, pero se ha quedado parada detrás de mi unos segundos, y le he oido murmurar algo así como "pobre neñín, que desconsolado... Qué injusto...", y se fué suspirando.

Ya no te odio. El pasado que apenas recuerdo, más una sensación que otra cosa, me lo impide. Pero no te echo de menos. Y eso me hace sentir extraño. No te guardo ningún rencor por todo lo que me hiciste. Sé que fue con toda tu buena intención. Recuerdo a tu hermana el día del funeral, cuando me vio con los ojos rojos, y me abrazó diciendome "Os quería mucho" mientras rompía a llorar desconsolada. Estaban muy preocupadas, todas mis tías, por mí en especial. Me pasé tres días pegado a aquel maldito cristal cambiando recuerdos.
No te echo de menos, pero a veces me gustaría que estuvieras para poder decirte que tal día montamos un autómata para controlar un motor, o que hoy tuve una reunión para el proyecto de empresa -del que soy director de financiación y legislación- y que vamos a automatizar tal proceso. Quiero que sepas que me siento orgulloso de seguir con tu profesión. Que ojalá me dijeras que algo está mal hecho, o que podría estar mejor de ésta manera, siempre encontrabas las forma de sacar fallos de todo y mejorarlo.
Estoy bien, no te preocupes. Sólo son lágrimas. Aún me quedan muchas cosas que llorar, muchos sentimientos que desenterrar y tensiones que liberar, angustias que gritar. Sé que quedan años antes de que saque todo eso de dentro. Pero me hiciste fuerte. Me enseñaste lo jodida que es la vida y que o le pegas una patada en los huevos o ella te la pega a tí.
Sabes que no creo en estas cosas, pero a veces uno desea que realmente haya algo mejor que éste puto mundo, algún sitio donde uno va cuando se va, y que estés allí. Que me veas crecer, tropezar y caer y levantarme de nuevo, y llegar a ser algo, que es por lo único que luchaste toda tu vida, por nosotros. Espero, de verdad, que algún día te sientas orgulloso de mí, y que yo sienta que me lo he merecido.
Deja que llore, necesito hacerlo. Sólo un poco más, por favor...



Bien, me voy. Tardaré en volver, lo sabes. Pero eso no significa que no te tenga presente.
Te he limpiado un poco las telarañas que había en las esquinas, y recolocado las flores.
Espero que el abuelo esté bien. Siempre quisiste estar con él, y al fin lo has conseguido. Siempre nos hablabas de él y de lo mucho que te enseñó. Tu intentaste lo mismo con nosotros. Creo que al final lo conseguiste.

Adios, me voy. Nunca te lo dije, pero que sepas que te quiero. Que no te olvido. Que quiero ser como tú.
Adiós.

El martes, noviembre 01, 2005 escribí esto:

Elementos

El mar, el viento, la lluvia. Ellos no me piden nada.
Sentado al final del dique, en el rompeolas, en la última roca, el agua casi me salpica los pies.
La mente me pide que piense. No se si es lo más adecuado, volver de nuevo al pasado, a todos esos pasados, pero para una vez que me lo pide, lo haré, y aquí, en éste vacío, en éste sitio, me resulta mucho más fácil.
Nadie en el paseo, nadie en la arena.
Empieza a llover. Agua encima de mí, agua debajo de mí...
Las gotas resbalan en el cuero...


-Estás triste.
-He estado peor -no levanto la vista-.
-¿Has tenido bronca?
-No es un buen día -tantas cosas, tantos miedos...-.
No la estoy mirando, pero veo perfectamente la cara que pone cuando le duele verme así.


La hierba está empapada y resbaladiza cuando la piso. Ya es de noche, el cambio de hora se hace más que evidente. La gente me mira cuando se cruza conmigo, y me doy cuenta aunque tenga los ojos clavados en los zapatos.


El teléfono sigue siendo el mismo trasto inútil. Me gustaría tirarlo al mar con todas mis fuerzas y ver cómo se hace pequeño desde lo alto del acantilado.


Mañana iré al cementerio. Hace un año que no voy. Me sentaré en los escalones y lloraré un rato.

Go ahead, make my day...

Trasteando por blogs he encontrado la web de un antiheroe que me ha llamado la atención: Pollo Letal. Si te gusta Clint Eastwood y sobre todo Harry Callaghan (más conocido como Harry el Sucio), te gustará. También muy recomendable para los que gusten del humor negro y la violencia gratuita e indiscriminada. Para los demás, pues tambien, qué coño.
El enlace queda en la columna de la derecha, junto con el de Calico Electrónico.
Por cierto, quiero comprarme una videocámara para hacer lo mismo que el chico éste... Una nueva forma de blog, tal vez...
Saludos.

Viendo... Bleach, capítulo 21